La adaptación del sector audiovisual nacional a la crisis sanitaria se dio, como en otros rubros, mediante modificaciones pequeñas con efectos grandes. Alcohol en gel en las manos. Metros de distancia entre actores y técnicos. Barbijos en los rostros de los trabajadores y hasta trajes protectores en los cuerpos de algunos. Sets pequeños y privados durante mayo y el regreso a los espacios públicos a partir de junio. El cumplimiento con el protocolo, sumado al impedimento en países de la región para filmar, resultó en un efecto de proliferación para la industria uruguaya.
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